domingo, 9 de enero de 2011

Si duermes cien años... perderás un siglo.


Se han preguntado alguna vez porque nos enseñan cuentos de hadas cuando somos niñas. Se supone que dejan un mensaje, una lección de vida acerca del camino correcto, pero no creo que ese sea su efecto. La mayoría de las niñas aprenden mucho de los cuentos de su infancia, pero es un aprendizaje muy diferente del esperado por los padres.
Aprendes que si te quedas cien años en un castillo, el tiempo se detendrá y un día llegará un príncipe montado en un corcel blanco a rescatarte de tu prisión de cemento; también aprendes que una mañana cualquiera, mientras limpias el piso, el hombre de tus sueños cruzará la puerta con un zapato tuyo hallado en alguna escalera; si hasta te convencen que este príncipe es tan poderoso que puede regresarte de la muerte con un beso. Quién podría no aprender tan alentadoras lecciones.

Pero resulta que, en la vida real el caballo no es tal, con un poco de suerte, quizás sea un Audi o un BMW y en lugar de espada usualmente el príncipe llevará un celular o una chequera, o incluso ambos. Y tampoco es príncipe, el título no es de nobleza, es de alguna Universidad de renombre, de esas con antigüedad y prestigio.
Pero ese sería el príncipe soñado, o sea uno para todo el reino, entonces la afortunada será una sola mujer, no necesariamente tú, las otras deberán conformarse con un caballero sin brillante armadura, ni tampoco caballo, tal vez ni siquiera auto; la chequera pasa a ser billetera, generalmente medio vacía, lo que tampoco es tan malo, si uno ha leído suficientes cuentos de hadas sabe que hay nobles caballeros vestidos en harapos que esconden un alma noble y un corazón lleno de valor, que darán su vida por una si es necesario.
Pero ese no es el único desengaño que trae la vida real, en cuanto a que sea azul, máximo puedes aspirar a que esté cianótico o que sea hincha de la U.; en caso que esté cianótico entonces la que probablemente deba regresarle de la muerte seas tú y no él a ti; por eso es recomendable que todas aprendamos primeros auxilios.
En cuanto a de recomendaciones se trata, no se te ocurra quedarte encerrada en el castillo, porque si algún día alguien llegase a tocar la puerta, el tiempo no se habrá detenido y estarás vieja y arrugada; además que los únicos que tocan la puerta sin invitación, son vendedores, cobradores y alguno que otro misionero predicando la castidad y el abandono de las riquezas, o sea lo que no estás esperando.
De a poco descubres que pocos caballeros llegarán a rescatarte, que muchas veces, como nunca lo leiste en ningún cuento, bajo la armadura te encontrarás un ogro o al besar al príncipe se convertirá en un horrible sapo, sí... justo al revés de como ocurría en los libros, y entonces más que nunca deberás ser tú quien se rescate a si misma y sepa emprender nuevo viaje con rapidez, porque en la vida real no encuentras a quien buscabas en el primer príncipe que conoces una mañana en el bosque, sino que debes corregir la ruta varias veces y descartar candidatos otras tantas, y como no existe un hada madrina que te sople al oido la decisión correcta debes arriesgarte una y otra vez en aventuras que a veces terminan en violenta caida, después de cada cual debes lamerte las heridas, respirar profundo y volver a empezar. Y quizás te costará hartas lágrimas, tardes de charlas con las amigas y tal vez un montón de horas de psicoterapia salir del shock y no paralizarte de terror para seguir besando príncipes, ranas y hasta dragones confiada de que en algún lugar quizás atrapado en la mazmorra de un malvado gigante, encadenado por una malvada bruja o tomando sopa en la casa de los tres ositos, encontrarás no al príncipe azul, no al del cuento, ese que era uno solo para todo el reino, sino que a tu propio príncipe azul que tal vez en lugar de espada sólo lleva un celular y que puede que sea morado, celeste o gris ceniza, pero que es aquel que has esperado toda la vida y que te amará del modo que sueñas. Pero para llegar a ese y vivieron felices para siempre deberás superar todos los mitos, fantasías y expectativas falsas que sembraron en ti desde que apenas tenías uso de razón y todo por culpa de un inocente cuento antes de dormir.
Tampoco pretendo demonizar a los varones, a ellos también les hicieron un muy mal favor los cuentos de hada, no debe ser fácil ir por la vida intentando satisfacer a princesas sin voz de ángel, ni puras como la nieve, que exigen un principe encantador con caballo y espada incluida, que sepa matar dragones, luche con hechizeras malvadas y esté dispuesto a atravesar bosques y trepar castillos sólo para encontrarlas. Imagino que ellos también chocan con la realidad un día, al llegar a la torre más alta del castillo y encontrar una princesa un tanto estresada, que en lugar de correr a sus brazos, le mira con desconfianza, adopta mirada de juez, pregunta donde está el caballo y reclama la tardanza, creo que ellos, al igual que nosotras se aferran a la promesa de las narraciones de su infancia, y no se amilanan ante el primer desencanto, pero estos príncipes sin sangre azul de la vida real, descubren pronto otras verdades acerca de la princesa rescatada, lo más probable es que no sea una cándida doncella, y ya sabemos que a nadie le gusta la comparación; puede que tampoco haya sido obsequiadas con todas las virtudes de la tierra al nacer, ya que las mujeres reales acompañamos nuestras cualidades de algunos defectos, que quizás nos hacen más humanas, pero en un primer momento debe ser para ellos un abrupto desencanto.
Tal vez todos debamos en algún momento dejar de leer cuentos de hadas a nuestros futuros adultos, pero como puede que eso siga sucediendo, quizás todos debamos en algún momento cerrar el libro y recordar que eso es un cuento, pura y simple ficción y que del mismo modo que no existen los dragones, ni los ratones se transforman en caballo, tampoco existen los príncipes azules, ni las princesas rosadas, que si nos quedamos encerrados durmiendo en el castillo descansaremos mucho, pero nos aburriremos como ostras y nadie llegará, sólo los años y las huellas de los mismos; que si esperamos que alguien luche nuestras batallas, puede que entonces éstas nunca sean peleadas; que si esperamos un hada que nos envíe a la fiesta en un zapallo, la verdad es que no llegaremos y nos perderemos toda la diversión; que si si culpamos de todas nuestras frustraciones y fracasos a la bruja mala, el cruel dragón o el horrible ogro, nunca descubriremos que estamos haciendo mal para así mejorar y ya no pasar las mismas decepciones; que si esperamos un ser perfecto y de ensueño, estamos esperando lo que nosotros mismos no somos... y creo que todos estamos de acuerdo en que, no es justo ni realista exigir lo que yo mismo no he podido lograr.
Las mujeres reales debemos aprender a blandir espadas como el mejor de los guerreros y luchar nuestras propias batallas contra brujas y dragones, contra envidias, engaños y traiciones. Debemos abandonar la vieja torre del castillo e ir en busca de nuestro propio destino, debemos aprender que si somos afortunada y nos encontramos con un gallardo caballero que lucha contra ogros y hechiceras deberemos unirnos a él en la batalla; y que si la suerte no corre de nuestro lado quizás seamos nosotras quienes tengamos que rescatarle, y no está mal hacerlo, pero tengan cuidado, sólo rescaten caballeros caidos en combate, eviten gastar sus fuerzas en rescatar a quienes se quedan encerrados en la torre a esperar, y esto último vale para doncellas y caballeros, si ponen todas sus fuerzas en atravesar un bosque embrujado para rescatar a quien duerme en espera de ser rescatado, no encontraran a quien pelee batallas junto a uds. sólo hallaran más carga para llevar en su viaje; como en la vida hay muchos duelos con dragones, será bueno tener un compañero de armas y como a veces el camino al reino es cuesta arriba no es buena idea llevar carga adicional.
Y recuerden, lo primero que deben sacar del equipaje es el viejo libro de cuentos, no pretendan ser princesas, sólo sean ustedes.